
Las primeras estaciones de servicio empezaron a construirse hace ya más de un siglo para dar respuesta a la creciente industria del automóvil. Desde entonces hasta ahora, su diseño y equipamiento han evolucionado incorporando cada vez más elementos dirigidos a la protección medioambiental.
La protección ambiental se dirige a los tres vectores fundamentales: protección de la atmósfera, tratamiento de aguas y protección de los suelos y aguas subterráneas.
En una estación de servicio, la emisión de vapores de gasolina tiene lugar en dos momentos puntuales: durante la descarga del camión cisterna, y de forma marginal durante el repostaje de los vehículos.
Fase 1. Descarga del camión cisterna
Fase 2. Surtidores
Algunas estaciones de servicio cuentan también con sistemas de recuperación que reducen la emisión de gases a la atmósfera durante las operaciones de repostaje.
Los vapores procedentes del depósito del vehículo son aspirados por un pequeño conducto ubicado en el boquerel, mediante una bomba alojada en el surtidor, y trasladados hasta el depósito enterrado.
En la estación de servicio se originan tres tipos de aguas residuales:
Según el tipo de agua residual se establecen redes independientes que se unen en un punto final de vertido, el cual conectará con la red pública o un punto de drenaje adecuado.
Los tratamientos también serán diferentes:
Este proceso se realiza en la depuradora. El proceso biológico más extendido es el tratamiento por fangos activos mediante microorganismos aerobios, similar a la autodepuración natural, que va a producir la oxidación de la materia orgánica. Por último se dispone de una arqueta donde se toman muestras para comprobar que las condiciones del vertido se mantienen en los límites deseados.
Funcionamiento de la depuradora
Se trata de un sistema que provoca el desarrollo de un cultivo bacteriano disperso en forma de flóculos o fangos activados, dentro de un depósito agitado y aireado por un reactor biológico, donde el alimento es el agua que debe depurarse.
La agitación evita que los flóculos sedimenten, y homogeneiza la mezcla de éstos con el agua residual. Al mismo tiempo, la aireación aporta el oxígeno necesario para los microorganismos.
Una vez alcanzada la floculación necesaria, con las partículas en suspensión atrapadas en el flóculo, las aguas pasan a un decantador secundario donde se separan los sólidos de los líquidos.
En la fase de recirculación, parte del sólido o fango que se separa vuelve al reactor biológico para asegurar la población de microorganismos, manteniendo así el grado de depuración deseado.
La principal ventaja es la versatilidad, ya que el sistema se puede dimensionar según se trate de pequeñas estaciones de servicio o grandes áreas.
La red de aguas hidrocarburadas recoge las aguas de zonas donde pueden producirse microvertidos ocasionales de hidrocarburos, por la descarga de los camiones cisterna, operaciones de repostaje o utilización de los equipos de lavado.
Se tratarán independientemente las aguas hidrocarburadas que proceden de los lavados y las procedentes de la pista y zona de descarga.
Las aguas hidrocarburadas son dirigidas al equipo de tratamiento compuesto por el conjunto decantador-separador de hidrocarburos.
Dichas aguas entran en el decantador para la separación entre las arenas, sólidos en suspensión y el líquido. A continuación el líquido pasa al separador, donde tiene lugar la depuración de hidrocarburos.
Funcionamiento del separador de hidrocarburos
La configuración del equipo es la siguiente:
Algunos modelos disponen de una boya de obturación o válvula de cierre, cuya misión es evitar la salida de hidrocarburos cuando el depósito se llena.
En el caso de trenes o puentes de lavado, se puede incorporar una recicladora para reducir el consumo de agua. Su misión es tratarla antes de su reutilización, ya que contiene un alto porcentaje de arenas, lodos, grasas, aceites, ceras, tensoactivos y sólidos en suspensión.
El tratamiento comienza en un decantador, sigue por el separador y llega al depósito de agua pretratada donde se procede a su aireación. Parte de esta agua se recircula y se pasa por filtros de arena para después utilizarla junto al agua de red.
La función de la red de aguas pluviales es recoger y conducir las aguas de lluvia o riego hasta la arqueta final de vertido. Se canaliza el agua procedente de la escorrentía de la estación, así como la que viene de las cubiertas de edificios y marquesinas, que en algunos casos, puede acumularse y ser reutilizada para el riego de superficies ajardinadas. Esta red no requiere ningún tratamiento.